Cada camino que iniciamos nos dará algo. Tanto da que sea un trabajo o una pasión, algo físico o una emoción, una rivalidad o un amor. El final de cada cosa debe servir como trampolín para la siguiente y poder aprovecharnos de todo lo que hemos aprendido. Saber que de nada sirve la pasión sin trabajo ni tampoco un trabajo que no te apasione. Que puede ser algo físico lo que despierte nuestras emociones o plasmar estas en algo tangible. Que no hay rivalidad sin aprecio ni amor sin choques.
¿Qué nos queda por hacer, pues, tras el amargo final? Levantarnos y seguir adelante, limpiarnos el polvo y continuar. ¿Qué más da que caigamos? Siempre han existido finales y siempre existirán, pero lo importante es empezar una nueva historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario